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🧠 Parte de: Perder el miedo
Mentalidad

Riesgo: cómo dejar de temerle sin ser imprudente

El riesgo no es el enemigo. La ignorancia sobre el riesgo sí lo es. Aprende a entenderlo, medirlo y manejarlo inteligentemente.

8 min de lectura · Publicado: 5 de marzo de 2025

“Invertir es muy riesgoso” es una de las frases más comunes cuando hablas con personas que nunca han invertido. Y tiene sentido: todos hemos escuchado historias de gente que perdió todo en la bolsa, en criptos, en negocios fallidos. El miedo al riesgo es natural y hasta saludable. Pero hay un problema con evitar todo riesgo: eso también es riesgoso.

El riesgo de no tomar riesgos

Imagina que tienes $100,000 guardados “seguros” en una cuenta de banco que no paga intereses. Tu dinero está protegido, nadie te lo puede quitar, y el número sigue igual cada vez que revisas tu cuenta. Parece seguro.

Pero con una inflación promedio del 5% anual, algo invisible está pasando. En cinco años, esos $100,000 siguen siendo $100,000 en número, pero compran lo mismo que $78,000 de hoy. En diez años, compran lo mismo que $61,000 de hoy. Y en veinte años, tu dinero “seguro” tiene el poder de compra de $37,000. No perdiste un peso en términos nominales, pero perdiste más de la mitad de lo que tu dinero realmente vale.

No hacer nada no es una estrategia segura. Es una forma lenta y silenciosa de perder dinero. El riesgo de la inacción es tan real como el riesgo de la acción, solo que es más difícil de ver.

Qué significa realmente el riesgo en finanzas

En términos técnicos, riesgo significa la posibilidad de que el resultado sea diferente a lo que esperabas. Puede ser peor, que es en lo que todos pensamos, pero también puede ser mejor. El riesgo es incertidumbre, y la incertidumbre tiene dos caras.

Existen varios tipos de riesgo que vale la pena distinguir.

El riesgo de mercado es cuando el mercado en general baja. Esto afecta a casi todas las inversiones al mismo tiempo, sin importar qué tan buenas sean individualmente. Cuando hay una crisis financiera, todo tiende a caer.

El riesgo específico es cuando una empresa o sector particular tiene problemas. Si compraste acciones de una empresa que luego quiebra, pierdes esa inversión, pero el resto del mercado puede estar bien. Este riesgo se puede reducir con diversificación.

El riesgo de inflación es el que mencionamos antes: tu dinero pierde poder de compra con el tiempo. Afecta especialmente al dinero guardado sin invertir o en instrumentos que pagan menos que la inflación.

El riesgo de liquidez es cuando no puedes vender tu inversión cuando la necesitas. Los bienes raíces son el ejemplo clásico: vender una propiedad puede tomar meses, y si necesitas el dinero urgentemente, puedes tener que malvenderla.

Y el riesgo de tipo de cambio afecta tus inversiones en otras monedas. Si el peso se fortalece contra el dólar, tus inversiones en dólares valen menos en pesos, aunque su valor en dólares sea el mismo.

La relación entre riesgo y rendimiento

Hay un principio fundamental en finanzas: más riesgo significa potencial de más rendimiento, pero también de más pérdida. No hay forma de escapar esta relación.

En el extremo más conservador tienes opciones como CETES, que actualmente pagan alrededor del 10-11% anual, cuentas de ahorro que pagan entre 0% y 3%, y pagarés bancarios que dan entre 5% y 8%. El riesgo es bajo, y el rendimiento también lo es en términos relativos.

En el extremo más agresivo tienes la bolsa de valores, que históricamente ha dado entre 7% y 10% anual en promedio a largo plazo, bienes raíces con rendimientos variables pero potencialmente altos, y startups o empresas privadas donde puedes multiplicar tu dinero o perderlo todo.

No hay forma de obtener alto rendimiento sin riesgo. Si alguien te promete eso, está mintiendo o planeando un fraude. Cada vez que escuches “rendimientos garantizados del 10% mensual” o algo similar, aléjate inmediatamente.

Cómo saber cuánto riesgo puedes tolerar

Tu tolerancia al riesgo depende de dos cosas que vale la pena distinguir: tu capacidad objetiva y tu tolerancia emocional.

La capacidad de riesgo tiene que ver con tu situación financiera concreta. ¿Cuánto tiempo tienes antes de necesitar el dinero? Si son 20 años, puedes tolerar más volatilidad que si son 2 años. ¿Qué tan estables son tus ingresos? Un empleado de gobierno puede tolerar más riesgo que un freelancer. ¿Tienes fondo de emergencia? Sin él, cualquier imprevisto te obligaría a vender inversiones en el peor momento. ¿Tienes deudas caras? Pagarlas probablemente sea mejor que invertir.

La tolerancia emocional tiene que ver con cómo te sientes con el riesgo. ¿Cómo reaccionarías si tu inversión baja 20% en un mes? ¿Puedes dormir tranquilo sabiendo que tu dinero está en la bolsa? ¿Te estresarías revisando tu portafolio cada día? Hay personas que pueden ver caídas del 30% y seguir tranquilas, y hay personas que con una caída del 5% ya están perdiendo el sueño.

Una pregunta útil para calibrarte: si invirtieras $100,000 y mañana valiera $70,000, ¿qué harías? Si tu instinto es vender inmediatamente para no perder más, necesitas inversiones más conservadoras. Si tu instinto es comprar más porque está “en descuento”, puedes manejar más volatilidad. La mayoría de la gente está en medio, esperando ansiosamente a que se recupere.

Cómo manejar el riesgo inteligentemente

La diversificación es tu primera línea de defensa. Distribuir tu dinero entre diferentes tipos de activos, diferentes sectores, diferentes geografías y diferentes plazos reduce el impacto de que cualquier cosa individual salga mal. Si una parte baja, las otras pueden compensar o incluso subir.

El horizonte de tiempo es tu segundo aliado. El tiempo suaviza el riesgo de una manera impresionante. Según datos históricos del S&P 500 desde 1926 (publicados por S&P Dow Jones Indices), en cualquier día aleatorio el índice tiene probabilidad de aproximadamente 54% de subir. En cualquier año tiene probabilidad de aproximadamente 73% de subir. Y en cualquier período de 20 años, históricamente nunca ha perdido dinero. Mientras más tiempo tengas, menor es el riesgo de que termines con pérdidas.

La inversión periódica, conocida como DCA o Dollar Cost Averaging, también ayuda. En lugar de invertir todo de una vez, inviertes una cantidad fija cada mes. Cuando el mercado baja, compras más acciones con la misma cantidad. Cuando sube, compras menos. Con el tiempo, promedias un buen precio de entrada y eliminas el riesgo de haber puesto todo tu dinero justo antes de una caída.

El rebalanceo te fuerza a comprar barato y vender caro. Defines porcentajes objetivo para tu portafolio, digamos 70% acciones y 30% bonos, y una vez al año ajustas de vuelta a esos porcentajes. Si las acciones subieron mucho, vendes un poco. Si bajaron, compras un poco. Esto mantiene tu nivel de riesgo constante y aprovecha las fluctuaciones del mercado.

Y antes de todo esto, tener un fondo de emergencia es fundamental. Tres a seis meses de gastos en algo seguro y líquido te permite aguantar imprevistos sin tocar tus inversiones. Esto evita el peor escenario: tener que vender justo cuando todo está bajo porque necesitas dinero para una emergencia.

Los errores que más cuestan

El primer error es confundir volatilidad con pérdida. Que tu inversión baje de valor temporalmente no es una pérdida hasta que vendes. Los mercados fluctúan constantemente, es parte normal del proceso. Una caída del 20% que te asusta hoy puede ser solo un punto en la gráfica dentro de diez años.

El segundo error es vender en pánico. Las caídas de mercado se sienten terribles en el momento. Todo el mundo habla de crisis, los titulares son aterradores, y el instinto te dice que huyas. Pero históricamente, vender en pánico es la peor decisión posible. Los que vendieron en marzo de 2020 se perdieron la recuperación más rápida de la historia. Los que vendieron en 2008-2009 tardaron mucho más en recuperarse que los que simplemente aguantaron.

El tercer error es buscar rendimientos imposibles. “10% mensual garantizado” es una estafa. Siempre. No hay excepciones. Cualquier rendimiento que suene demasiado bueno para ser verdad, es demasiado bueno para ser verdad.

El cuarto error es no considerar la inflación. Un rendimiento del 4% con inflación del 5% es un rendimiento real de menos 1%. Estás perdiendo dinero aunque el número en tu cuenta suba. Siempre piensa en términos reales, no nominales.

El quinto error es ignorar las comisiones. Un fondo con 2% de comisión anual no suena tan mal, pero a lo largo de décadas te puede costar cientos de miles de pesos. Las comisiones importan mucho más de lo que parece.

Un marco mental para entender el riesgo

Una forma útil de pensar en el riesgo es como el precio que pagas por el rendimiento.

Si quieres rendimientos garantizados, los CETES te dan aproximadamente 10% con riesgo mínimo. Es el precio más bajo que puedes pagar en términos de incertidumbre.

Si quieres potencial de 7-8% real después de inflación, necesitas aceptar que habrá años donde perderás 20% o más. Es el precio de un rendimiento mayor a largo plazo.

Si quieres potencial de 20% o más anual, necesitas aceptar que puedes perder la mitad de tu dinero. Es el precio de las apuestas más agresivas.

No hay almuerzo gratis. El truco está en encontrar el nivel de riesgo que te permita dormir tranquilo y al mismo tiempo te acerque a tus metas en el tiempo que tienes. No tiene sentido tomar riesgos que te quitan el sueño, pero tampoco tiene sentido evitar todo riesgo si eso significa no alcanzar tus objetivos.

Tu perfil según tu etapa de vida

Si tienes entre 25 y 35 años con empleo estable, puedes tomar más riesgo. El tiempo está de tu lado y tienes décadas para recuperarte de cualquier caída. Tu enfoque debería ser crecer patrimonio, y eso generalmente significa más exposición a acciones.

Si tienes entre 45 y 55 años, buscas un balance entre crecimiento y preservación. Probablemente quieras más bonos que antes, pero sin abandonar completamente las acciones. Proteges lo que has acumulado mientras sigues creciendo a un ritmo más moderado.

Si estás cerca del retiro, la preservación es prioridad. Más bonos y activos estables tienen sentido. Pero no elimines completamente las acciones porque tu dinero necesita durar potencialmente 20 o 30 años más, y sin algo de crecimiento, la inflación te irá comiendo lentamente.


El riesgo no es malo. El riesgo que no entiendes es peligroso. Aprende sobre los riesgos que estás tomando, decide conscientemente cuánto puedes manejar, diversifica, piensa a largo plazo. Y siempre recuerda que no hacer nada también es una decisión con su propio riesgo, solo que más difícil de ver.

Usa nuestra calculadora de interés compuesto para ver cómo diferentes niveles de rendimiento y riesgo afectan tus metas a largo plazo.




Referencias:

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