Un pasivo es lo contrario de un activo. Mientras los activos son las cosas de valor que posees, los pasivos son las deudas y obligaciones que tienes. Cualquier dinero que debas a alguien es un pasivo: el saldo de tu tarjeta de crédito, un préstamo estudiantil, tu hipoteca, un préstamo de auto o incluso las cuentas pendientes de pagar.
Los pasivos se dividen generalmente en dos categorías. Los pasivos de corto plazo son aquellos que debes pagar dentro del próximo año, como el saldo de tu tarjeta de crédito o servicios pendientes. Los pasivos de largo plazo son deudas que pagarás en más de un año, como una hipoteca de 20 años o un crédito automotriz a 5 años.
No todos los pasivos son malos. Una hipoteca para comprar una casa que vas a rentar puede ser un pasivo bueno si el ingreso por renta es mayor que el pago mensual. Un préstamo estudiantil puede ser buena inversión si te permite obtener educación que incrementará tus ingresos futuros. Pero los pasivos por consumo innecesario, especialmente en tarjetas de crédito con intereses altos, son pasivos malos que te empobrecen.
Para mejorar tu salud financiera, debes enfocarte en reducir tus pasivos malos mientras construyes activos. Pagar deudas de tarjetas de crédito que cobran 50% de interés anual debe ser prioridad incluso antes que invertir. Una vez que reduzcas tus pasivos y aumentes tus activos, tu patrimonio neto crecerá. La fórmula es simple: Patrimonio Neto = Activos - Pasivos. Entre menos pasivos y más activos tengas, más rico serás.